Introducción

Hola, esta es la primer entrada que publico de una serie de artículos sobre mi experiencia en el trabajo de músico y artista visual independiente, aunque muy probablemente hablaré de otros temas. Soy violinista y radico en Ciudad de México; tengo siete años dedicándole totalmente al ambiente musical y al medio de las artes, aunque empecé hace unos quince años, soy parte de esa mayoría de artistas cuya familia tenía otros planes con «economía más segura». El haberme independizado totalmente hace ya más de una década me obligó a buscar las maneras más dignas e inteligentes de poder pagar la comida y el alquiler, al menos entonces esa era la idea, jajaja. En ese tiempo la información no nos abrumaba como ahora y que vivía en «modo sobreviviente», buscar el trabajo más próximo de lo que sabía hacer medianamente bien y abrirme espacio en una ciudad que no conocía y que en el resto del país tienen la idea de su monstruosidad, teniendo bastante razón. Aunque tengo un temperamento un tanto introvertido tengo la fortuna de conocer a bastantes colegas y contar con su confianza para platicar sobre como salir adelante en un medio tan juzgado como es el artístico.

«Educación financiera», fue un amigo cantante el primero que me habló de ese tema, me pasó un libro en PDF y empecé a abrir mi panorama económico. De ahí que empecé a buscar mucha información, leí libros, los escuché en formato de audio y me eché bastantes horas de videos de «Youtubers» hablando del tema, diría que cambió totalmente mi perspectiva sobre vivir del arte, pero no, jeje, tenía una idea pero desconocía cómo llevarla a cabo. He creído siempre, y muy fervientemente que del arte se puede vivir dignamente, pero me he topado con dos planos opuestos: el de la vida bohemia del artista, aceptado trabajitos mal pagados o regalados por aquí y por allá, drogas, «vivir al día», tal vez dedicándose a un proyecto personal que tal vez nunca despegue… y el de la vida de famoso: viajes por todo el mundo, fanáticos por doquier, más drogas, ganancias inalcanzables para la mayoría de los mortales, nada de vida privada porque te conviertes en un producto para las masas. Sé que hay muchos niveles entre estos dos pero hablo de lo que la mayoría de la gente entiende por «Vida de Artista».

Al no ser alguien «conocida» en el ambiente escolástico de las orquestas ni la vida nocturna de la música popular era una instrumentista de mediana calidad que llegó aquí con una mochila de campamento, un violín y $10,000 ahorrados para poder asentarme. Descubrí los eventos sociales y empresariales, y que la gente pagaba por escucharme sobre música grabada. Luego fui haciendo contactos y me recomendaron para cosas un poco más demandantes, como proveer de músicos, grabar en estudio, acompañar a otros instrumentistas o cantantes en conciertos y grabar videoclips donde necesitaban la imagen de una violinista para promocionar el proyecto de tal o cual celebridad.

El primer problema fue cuánto cobrar, sabía lo que es una salario mínimo y lo que pagan muchas empresas por alguien con un título universitario. Yo ni siquiera había terminado la prepa y me dedicaba a otras cosas para pagar mis clases, en esas actividades había un presupuesto designado y yo simplemente aceptaba o no, trabajaba, me pagaban y fin de la historia. La música era otra cosa. En México no hay un tabulador base para pagarle a los artistas, apenas los actores tienen algo así general y me hice una idea preguntando a mis colegas, ya que al ser una novata recibí regaños de que cobraba muy poco para lo que ofrecía, cuando para mí era cuatro veces más de lo que pagaban por el mismo tiempo solo por sonreír y estar parada en una expoo activación de producto. Los artistas gráficos reconocidos tienen sus propios tabuladores y hablaré de ello más adelante.

Fui entendiendo las cosas más lentamente de lo que me gustaría, pero llegué a la triste conclusión de que muchos músicos, para llegar a la ansiada fama, trabajan mucho en la bohemia, eso sí: muchos son responsables. Primero ser buen músico, luego te haces de un renombre y alguien pagará por tenerte en su boda. En este caso, cada solista o grupo tiene sus tarifas bases impuestas puramente por el mercado, por lo que un cliente decía que podía pagar, además de que nos diversificábamos en actividades propias del medio. Concluí que era algo más allá de la oferta y demanda, ya que al tener un poquito más de noción de finanzas personales descubrí qué cantidades me eran redituables más allá de vivir al día como se pudiera. Muchos cobraban solamente para poder pagar lo básico y rara vez se tenía contemplado fondos extra para emergencias, seguros o vacaciones. De ahí que cobraran solo lo que consideraban mínimo o necesario suponiendo erróneamente que no existen las enfermedades, los robos o los accidentes; después si no había eventos o trabajo de planta y bajaban todavía más sus tarifas para que los contraten. Aumentando la oferta, la demanda no crecía igual, por lo cual todos nos veíamos obligados a bajar nuestros precios o a trabajar menos… siendo que la inflación y el costo de la vida aumentaba. Veo decepcionada como muchos músicos que conozco están cobrando (o pagando si son los que subcontratan) lo mismo que hace 15 años, por el mismo servicio ¿no es una ironía que entonces el público valore tan poco el trabajo artístico si el artista es el que no lo valora en primer lugar?

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